Desperté un día, y recordé que la noche anterior me habías dejado.
Decidí llorarte, por lo menos dos días, lo cual duraron 90 o más. Recurrí a todos los hombros, a todas las palabras, a todos los amigos.
Decidí eliminarte de todo, y cada cosa que me trajese recuerdos tuyos los tire. Borre cada foto y cada texto hacia vos. Te elimine por completo.
Llore más aun, y decidí meterme con otras personas, como para comprobar si "un clavo saca a otro clavo" podía ser real, pero no.
Seguí llorando, escribiendo cosas tristes y pensándote a escondidas, mientras los demás pensaban que ya estaba bien.
Cada vez que me enferme, te eche la culpa.
Cada vez que algo me salia mal, te eche la culpa.
Te llore en la ducha, en la cama, en la playa, en la cocina, en lo de mi mejor amiga, en esquel, en buenos aires, en el trabajo y hasta en la esquina.
Te escribí cosas feas, cosas lindas, cosas tristes y escribí también los mejores momentos vividos con vos.
Dicen que después de la tormenta siempre llega la calma, pero la calma no la conozco desde agosto de 2010.
Hoy, te extraño, y es raro, por que lloro por vos y ni enterado debes estar.
Hoy te necesito, y es doloroso, por que se que no vas a estar.
Esto no lo soñé, no lo quise jamás.